Tiempo de manzanas
9:20 am October 23rd, 2006
El otro dÃa estuve en casa de mis padres. Era un dÃa de semana, no recuerdo cuál y la sensación fue muy distinta a las acostumbradas visitas dominicales con comida incluida. De golpe y porrazo recuperé unas cuantas sensaciones de ésas que parecen perdidas hasta que el azar, la casualidad más sensitiva (en forma de olores, o de sonidos, o de sabores) las despierta de golpe. El otro dÃa me acordé (un olor, algo) de las manzanas de otoño, las que se recogÃan cuando el verano habÃa terminado y se colocaban cuidadosamente sobre un lecho de hierba en el desván, donde milagrosamente se conservaban durante meses (o al menos a mà me parecÃa mucho tiempo). Y olÃan. Vaya si olÃan. Nada que ver con la insÃpida sensación de esas manzanas tan iguales en su aspecto, tamaño, peso, colocadas tan simétricamente en las fruterÃas más caras. Aquellas manzanas olÃan, sabÃan de otra manera, y según iban pasando las semanas la piel se arrugaba, pero el sabor continuaba siendo fantástico.
Las manzanas eran también proyectil ocasional, cuando se caÃan al suelo y organizábamos batallas (niñas contra niños, qué originales) especialmente con las que estaban pochas, y estrellarlas contra el enemigo y dejarlo chorreando con la manzana podrida, era motivo de especial algarabÃa. Eran los dÃas de vuelta al colegio, cuando las tardes empezaban a ser secuestradas por la noche, pero aún habÃa una prórroga…
Todo esto porque hoy es lunes y da un poco de vértigo contemplar la semana tan larga, por mucha inyección de buen rollo que me haya dejado la fiesta del sábado, y porque huir hacia los rincones de memoria donde aún huele a manzanas, es, además de un milagro, un paraÃso perdido.



