WordPress database error: [Duplicate entry '0' for key 1]
INSERT INTO wp_ps_visits (ip,url,referer,platform,browser,version,search_terms,time_begin,time_last) VALUES ('38.107.191.95','/blog/index.php?paged=2','','','Crawler/Search Engine','','',1283995967,1283995967)

WordPress database error: [Duplicate entry '0' for key 1]
INSERT INTO wp_ps_hits (time) VALUES (1283995967)

Albanta

Tiempo de manzanas

9:20 am October 23rd, 2006


El otro día estuve en casa de mis padres. Era un día de semana, no recuerdo cuál y la sensación fue muy distinta a las acostumbradas visitas dominicales con comida incluida. De golpe y porrazo recuperé unas cuantas sensaciones de ésas que parecen perdidas hasta que el azar, la casualidad más sensitiva (en forma de olores, o de sonidos, o de sabores) las despierta de golpe. El otro día me acordé (un olor, algo) de las manzanas de otoño, las que se recogían cuando el verano había terminado y se colocaban cuidadosamente sobre un lecho de hierba en el desván, donde milagrosamente se conservaban durante meses (o al menos a mí me parecía mucho tiempo). Y olían. Vaya si olían. Nada que ver con la insípida sensación de esas manzanas tan iguales en su aspecto, tamaño, peso, colocadas tan simétricamente en las fruterías más caras. Aquellas manzanas olían, sabían de otra manera, y según iban pasando las semanas la piel se arrugaba, pero el sabor continuaba siendo fantástico.
Las manzanas eran también proyectil ocasional, cuando se caían al suelo y organizábamos batallas (niñas contra niños, qué originales) especialmente con las que estaban pochas, y estrellarlas contra el enemigo y dejarlo chorreando con la manzana podrida, era motivo de especial algarabía. Eran los días de vuelta al colegio, cuando las tardes empezaban a ser secuestradas por la noche, pero aún había una prórroga…
Todo esto porque hoy es lunes y da un poco de vértigo contemplar la semana tan larga, por mucha inyección de buen rollo que me haya dejado la fiesta del sábado, y porque huir hacia los rincones de memoria donde aún huele a manzanas, es, además de un milagro, un paraíso perdido.

Fiesta de otoño

11:32 am October 20th, 2006


Sí, ya ha llegado la fecha de la celebración en mi casa de la fiesta de inauguración del otoño. En realidad no es una fiesta: es una orgía calórica de dulces con los que afrontar los rigores de la estación. Vamos, que nos ponemos hasta arriba de chocolate, tartas, frixuelos y toda clase de dulzuras que elaboraré a toda velocidad entre hoy y mañana, porque voy fatal de tiempo, y mis amigas pondrán la conversación, la compañía, las risas, la inteligencia, la lucidez, el toque frívolo, el arranque sentimental, puede que hasta el tabaco (para espanto del otro habitante de mi casa que ya ha decretado una zona de fumadores: la terraza) .
En cualquier caso, me encanta meterme un atracón en la cocina y sufrir ante la posibilidad de que la tarta de arroz con leche no salga tan dulce como debería ser, o los frixuelos se me remonten, o que tal vez debería incluir una tarta más, si no serán suficientes tres (queso, naranja y arroz con leche)… Merece la pena, porque ellas, que son absolutamente maravillosas, brujas, guapísimas y muy inteligentes, son la compañía con la que una desearía contar hasta el final de sus días…

Decisiones

9:07 am October 19th, 2006

No se trata de una de esas decisiones fundamentales, que te cambian la vida, ni nada de eso. Es una decisión muy menor, pero dejar constancia de ella, la reviste de una cierta solemnidad que tampoco quería otorgarle, porque es como cuando decides dejar de fumar (la gente que fuma, of course) o decides hacer dieta, o decides apuntarte a un gimnasio (la gente que se apunta a un gimnasio…), que vas y lo comunicas, y en cuanto fallas (porque siempre se abandonan esos propósitos) ves incrementado tu nivel de culpabilidad porque son muchos quienes tienen memoria de esas decisiones que saben que no has cumplido…
Así que tal vez no debería dejar constancia aquí de que finalmente me he decidido y me he matriculado en Antropología en la UNED. Y que son tantos los años que llevo fuera de las aulas (bueno, fuera de las aulas seguiré, porque con mis horarios, no creo que pueda ir a otra cosa que a los exámenes, y eso si consigo tener tiempo para prepararlos…) que me da un poco de repelús. Recuerdo que durante años soñé con exámenes, con trabajos que había que presentar, con notas que después de haber sido altas se convertían en suspensos… El sueño clásico, ya se sabe. Mira que si ahora empiezo de nuevo con eso… Y sin motivos, porque a estas alturas de la vida, es obvio que no quiero, ni necesito ningún título, y que la única razón que me mueve (aparte del temor a que mi cerebro se oxide en este bonito ambiente en que me encuentro) es aprender algunas cosas que me resultan apetecibles.
No sé si anoto todo esto para que alguien me dé ánimos. O porque, como casi todo lo que escribo en el blog, es la forma bastante torpe por cierto, de consignar que es otoño y estoy viva.

El cielo de octubre

9:31 am October 18th, 2006

Esta foto, que no es mía, no es la que tenía el cielo esta mañana y yo no hice.
Pude haber utilizado el móvil para hacerla, pero no me pareció oportuno. Sería desperdiciar los colores, la luz, el brillo. Todo. Y no había sacado la cámara (cuando salgo por la mañana de casa, casi es una hazaña sacarme a mí misma) cuando amanecía sobre Somió y la Providencia y las nubes, apartándose dejaban al descubierto fragmentos de un cielo como recién pintado.
El otro día leí, no recuerdo dónde una historia que se resumiría (muy mal resumida) así: Érase una princesa cuyo padre quería casarla, lo típico, y convocó una especie de casting entre los jóvenes con posibles para encontrarle el marido adecuado. Naturalmente, para conseguir los favores de la princesa (bueno, y el matrimonio, claro, que era a lo que iban) cada uno ofrecía las maravillas que consideraba oportuno: las joyas más espectaculares, y todas esas bagatelas que por lo visto hacen mucha ilusión a las princesas. La princesa ésta, sin embargo, permanecía sentada en su trono impasible. Parecía que nada de lo que le traían desde los sitios más recónditos, llamaba su atención. Los más ricos herederos ya habían pasado por delante de la princesa ofreciendo toda clase de todo, sin conseguir nada. Y entonces, queridos niños, como ya os podéis imaginar, aparece en escena el chico pobre pero listo y con buen corazón, que, aparentemente con muy pocas posibilidades, se acerca al casting de candidatos con un pequeño paquete: ¿rubíes? ¿esmeraldas?… Los promotores del casting como que sonreían irónicamente preguntándose qué podría ofrecerle aquel pelagatos a la princesa que con tanta displicencia había rechazado todos los regalos… Y entonces va el tío, y saca unas gafas y se las da a la princesa, que se las pone, y…
Pues eso.
Que la mayor parte del tiempo andamos sin gafas. Y mientras tanto el cielo de octubre estrenando espectáculos a diario ante la total indiferencia del público…

Amanda me riñe (y con razón)

10:06 am October 17th, 2006

Ayer Amanda me tiró de las orejas. Bueno, no es del todo exacto, su correo (mil gracias, mil) tenía toda la razón del mundo. A mí también me pasa. A pesar de los pesares, soy mucho más lectora que escritora, y cuando alguno de mis bloggers favoritos tarda en actualizar su blog, me da rabia… Me hace sentir un poco más sola.
No hay excusa. Puedo escribir algunas líneas, que es lo que me decía ella, pero a veces da miedo escribir tonterías. Dejar constancia de que la vida se escapa, el tiempo se va, el trabajo agobia, no tengo tiempo para nada, llega el otoño, echo de menos a algunos amigos, me gustaría tener tiempo para dedicárselo a otros que están particularmente abandonados, he tejido un jersey, he engordado (yo sí, Màxim, y no tú, por dios…)… Que a veces me pregunto por qué con esta edad tengo que aguantar impasible las cosas que oigo, que me gustaría quedarme muy quieta mirando las nubes por la tarde en la terraza de mi casa, pero a esa hora tengo que currar, que sube el euribor, que llevo un tiempo sin leer nada, que unos amigos han roto, que mi hija ha tenido varicela, que echo de menos a mi hijo, que estoy enganchadísima a Prison Break, y a Perdidos, y a Mujeres desesperadas (estas dos últimas en su tercera temporada…), que el otro día escuchar Pandilleros de Dinamita Pa los Pollos, me hizo viajar en el tiempo de forma totalmente insospechada, que el sábado tengo la fiesta de inauguración del otoño para mis amigas en mi casa… Sí, todo eso que ayer me decía Amanda, con buen criterio y que me ha hecho sentir muy culpable, porque yo ya lo sabía. Sé que escribir aquí es un ejercicio de no se sabe muy bien qué. O sea que no lo sé, que es lo que quería decir. Pero también sé que cuando no lo hago siempre llegan correos recordándome que me echan de menos, y aunque me resulta increíble (es tan extensa, tan interminable la blogosfera, hay tantos millones de posibilidades de blogs infinitamente mejor escritos, mejor diseñados, con contenidos más interesantes…), no deja de conmoverme.
Es otoño, Amanda, será eso, que estoy un poco así, como de aquella manera… Pero tampoco es excusa. En los días más brillantes de la primavera más resplandeciente, también puede darme por quedarme callada. Y si luego cuento que estoy viajando por dentro, en ese peregrinaje hacia una misma del que rara vez se sale indemne, no sé yo hasta qué punto, no estoy contando una película…
Querida Amanda, otra cosa no, pero ya ves que tu correo ha tenido respuesta inmediata. Te quiero un montón.

Tatuaje

9:58 am September 15th, 2006

No. No se trata de que él viniera en un barco de nombre extranjero, ni de doña Concha ni nada de eso. Se trata del tatuaje que se ha hecho mi hija en el pie.
Y no. No se ha tatuado amor de madre, qué va. Eso sí merecería, posiblemente, una entrada emocionada… pero menos que ésta. Porque tengo la impresión de que no he hecho tan mal las cosas si va mi hija y se tatúa precisamente “Hic et nunc”, en su pie.
Que a mí me llevó muchos más años (me temo que aún estoy en ello) enterarme de que se trataba de eso. Que vivir era justamente eso.

Otoño en el blog

3:08 pm September 13th, 2006

Mis amigas me pondrían de vuelta y media por adelantarme a la entrada oficial del otoño, ellas que luchan denodadamente por apurar hasta el último segundo de sandalias y tirante…
Pero personalmente, y al menos en esta esquina del ciberespacio, he decidido vestir de otoño el blog. No sé si es la carita definitiva de esta República, pero como sigo probando…

Probando

8:06 am September 13th, 2006

Que no me hagáis mucho caso con la apariencia del blog estos días, porque con el tiempo escaso de que dispongo (y que además -y ésta es otra historia para ser contada- últimamente me da por “desperdiciar” tejiendo toda clase de tonterías, y lo de tejer no es metáfora, me refiero, sí, a las agujas de hacer punto) , ando probando cambios en la apariencia, y sólo cuando encuentre lo que realmente quiero, lo dejaré como (más o menos) definitivo.

Entre tanto, agradezco correos de reencuentro, y trato de encontrarle a septiembre algún encanto especial, ahora que ya la vuelta al cole es sólo una frase (ahora más que nunca!!!) comercial, y que mi lista de propósitos sufre trastornos bipolares.

El mar, mientras tanto, es una maravilla: tan sereno estos días que si no fuera porque lo conozco bien y pronto volverán sus furias de olas estremecidas, pensaría que se ha quedado bobo.

Por entonces

3:33 pm September 11th, 2006

… hace cinco años, a esta misma hora seguía hipnotizada mirando la tele, sin creerme del todo lo que llevaba alrededor de una hora viendo. Leía un libro de Sara Paretsky que nunca terminé de leer, me pasé la tarde y la noche viendo las imágenes que se repetían, las que se añadían nuevas, escuchando los comentarios incrédulos, hablando por teléfono con mis amigos que no daban crédito tampoco a lo que estábamos viendo.

Pero sobre todo recuerdo el día siguiente, a última hora de la tarde, paseando por el Muro, al lado de la playa. El mar de septiembre en mi ciudad tiene a veces una placidez que lo convierte en un lago gigantesco sin olas, y aquella era una de esas tardes. Había un silencio extraño, pero no de esos que parecen preñados de miedo, al contrario, como pacífico, tranquilo. Se respiraba una calma extraordinaria, la gente paseaba disfrutando de los últimos días del verano del norte, cuando el otoño ya está llamando a la puerta… Y justo en ese instante, tuve la sensación de que ése justamente era el momento en que el mundo comenzaba a desmoronarse. Pensé que sería una buena imagen para una película que contaría el apocalipsis… la gente paseando ajena a lo que se avecinaba, charlando de sus cosas, haciendo sus proyectos, una pareja de adolescentes besándose, una pareja de ancianos caminando cogidos del brazo, un niño en un triciclo, un grupo de amigas charlando, un hombre corriendo con la camiseta sudada, un perro correteando… El mundo tal y como lo conocíamos, se había acabado. Y sentí una enorme angustia, porque tuve la certeza de que todos eran ajenos a lo que sucedía. Los atentados de Nueva York era algo que seguía saliendo en la tele, pero estaba lejos, por más que nos sintiéramos golpeados por la proximidad emocional de la víctimas, por aquello de que nos resulta más fácil identificarnos con “los que son como nosotros”… pero era como si aquí estuviéramos a salvo. Y de pronto esa placidez de la tarde, la serenidad del mar sin olas, se convirtió en algo tan inquietante, tan angustioso, que sentí ganas de llorar. El mundo se está acabando, pensé entonces. Y nadie se da cuenta de ello.

De nuevo

8:32 am September 11th, 2006

De nuevo, después de no sé cuánto tiempo de haber sido abducida (tienes razón, Reina, algo así parecía) . Bueno la abducción se la hicieron a mi servidor, y el pifostio que se formó fue importante. Ahora, aunque no me atrevo a cantar victoria, parece que se ha superado, y ya está. Está a medias, porque tengo que hacer cambios en la plantilla (me ha quedado la básica de Wordpress, en cuanto tenga un poco de tiempo trataré de arreglarlo).
Quiero agradecer a todos los que en este tiempo se interesaron por mi integridad física y mental, dudosa viendo la pantalla que aparecía cuando se trataba de entrar aquí. Que los hackers son muy malos, ya se sabe.
De nuevo aquí.
Gracias por seguir a la espera…